Emprendeduría es la capacidad para tomar la iniciativa*
Por Marco Yagüe**
Las razones que a unos y otros nos han hecho participar en este workshop hacen referencia a los diferentes aspectos de un proyecto de emprendeduría: falta de concreción en la base, encontrar orientación para la misión, coincidir con almas gemelas, renovar la ilusión en el proyecto y obtener calor para desarrollar nuestra estrategia… O bien, incluso, con cuestiones vitales y personales que interfieren en nuestro proyecto emprendedor, buscando reflexionar sobre la propia persona y su desarrollo.
Etimológicamente la palabra emprendedor deriva del latín (prendere) y quiere decir aventurero. El tiempo y las circunstancias han otorgado diferentes connotaciones al vocablo, en función de las modas y las condiciones de la aventura. De hecho, en el mundo anglosajón se relaciona entrepeneur con inversor, poniendo el énfasis en el riesgo financiero. En cambio, el mundo francés lo relaciona con empresario, haciendo referencia a la acción y al riesgo fabril de la actividad.
En la actualidad la palabra emprendedor ha adquirido, en cambio, connotaciones más resultadistas relacionadas con la generación de beneficio, que probablemente es la menos aventurera de todas.
Consideramos pues, emprendeduría como la capacidad para crear o tomar la iniciativa para llevar a cabo una acción transformadora. Pero esta acción debe ser personal, desde nuestra singularidad. Debe activar capacidades desde un proyecto común, implicando transformación para su existencia y una actitud coherente entre la pulsión del ser y el cómo hacer para conseguirlo.
Regresando a la esencia de la expresión y eliminando todo aquello superfluo, definimos emprendeduría como la capacidad para tomar la iniciativa (ser) para llevar a cabo una acción (hacer) transformadora (disfrutar) de carácter personal (sentir).
Y es evidente que, dejar de trabajar en una empresa y hacer lo mismo de forma individual, sin ninguna aportación innovadora, solo con el NIF de la factura, no se puede considerar emprendeduría.
Asimilar la emprendeduría a individuo, autónomo y ganar dinero, nos hace pensar en una mutilación del verdadero concepto de emprendedor. Se confunden, así, los medios con fines, se olvida el verdadero potencial de la emprendeduría y no se tienen en cuenta los factores coyunturales y estructurales potenciadores de un tejido social que la fomenten.
Así pues, al hablar de emprendeduría estamos hablando de un proyecto personal de transformación que, partiendo de una situación de disconformidad, nos hace emprender una acción para transformarla y transformarnos y, cuyo objetivo es conseguir la situación deseada. El gap entre las dos situaciones, la inicial y la deseada, será el elemento activador de la acción transformadora y originador del proyecto. Como dice Hoffman: “Los emprendedores no escriben un plan de negocios de 100 páginas para ejecutarlo todo a la vez; experimentan constantemente y se adaptan en función de lo que van aprendiendo”. Un plan de negocios es un factor de no fracaso, pero nunca de éxito.
Si queremos desarrollar la emprendeduría como forma natural de vivir la vida, es preciso identificar y gestionar aquellos valores que la potencien como la confianza, la responsabilidad, el error como fuente de variabilidad, el compartir, el compromiso, el liderazgo, colaborar, el tú y el nosotros antes que el yo, el disfrutar, etc.
Todo proyecto emprendedor está basado en contactos, ya sea para contrastar la idea, para mejorarla, para buscar sinergias y colaborar, para abrir puertas, etc. Por lo tanto, habrá que dar mucha importancia a la gestión de equipos y de redes pero también a la empatía, a ser personas…
Por otro lado, el hecho de que la emprendeduría se haya desarrollado mejor en la autonomía que en equipo es consecuencia de las carencias de una cultura social y empresarial basada más en el miedo y en la autoridad, que en los resultados. La emprendeduría no es un hecho aislado. En la actualidad se está manifestando como un elemento clave para salir de la crisis y para sentar las bases del nuevo sistema de vida que ponga delante la calidad de vida en lugar del resultado; un sistema de vida que se base en cómo te encuentras y no en el dónde estás. Es preciso sustituir preceptos como PIB e IPC por otros que hablen de calidad de vida. Transformar lo que haces por lo que aportas. Es mejor hablar de intensidad de vida que de esperanza de vida.
De esta manera, la emprendeduría quedará ligada a organización, innovación y liderazgo: tres conceptos imprescindibles para conseguir los mejores resultados. La emprendeduría nos traerá innovación sólo si existe el liderazgo adecuado que lo permita y lo fomente. Y la organización se adapta a las nuevas reglas del juego.
*Artículo elaborado con las aportaciones de los participantes del taller de emprendeduría, realizado en las instalaciones de hèlix3c en octubre de 2011. Los participantes fueron Albert Jové, Christian Obregón, Martina Tichenor, Yolanda, Marco Yagüe y Pere Monràs.
**Marco Yagüe tiene 51 años, vive en Lleida, está casado con Anna y es casteller. A los 21 años investigó sobre la cría del caracol. Cuando tenía 35, dirigió una empresa de cítricos. Hace 2 años se enterró profesionalmente, pues no quería seguir siendo el mismo.








